sábado, 1 de diciembre de 2012

No confundáis "enamorarse" con "gustar".

La gente se casa porque se quiere, pero también porque llega un momento en el que a uno le apetece gritar a los cuatro viento que está enamorado hasta las trancas. Y es que un día conoces a alguien en la cola del cine o en una tienda de discos y poco después te sorprendes haciendo cosas que jamás pensaste que harías, cosas como untarle la mantequilla en las tostadas, dejarle tu lado de la cama o ver una película romántica en vez de fútbol. Cuando te casas lo compartes todo y lo flipante es que te encanta hacerlo porque has dado en la diana porque por fin has encontrado el amor de tu vida. Porque cuando te casas con alguien, te casas con todo lo que lleva en la mochila. Todos tenemos una vida anterior al menos degustación a orquesta y al discurso del padrino. Todos tenemos secretos, secretos que lamentablemente no se esfuman después del 'Sí quiero'.

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